Sistemas de ahorro alternativos

como ahorrar mes a mes

Ahorro e inversión son los dos pilares de cualquier economía unipersonal. Es decir, gastar menos, acumular capital y después invertirlo para obtener más.

Sobre el papel parece relativamente sencillo e incluso se pueden idear sistemas teóricos prácticamente sin fisuras. Sin embargo, su puesta en marcha no siempre ofrece los resultados deseados. En el segundo de los casos la causa es evidentes: el mercado se comporta demasiadas veces de forma caprichosa y predecir sus movimientos de forma fiable está sólo al alcance de unos pocos.

Por el contrario, en el caso del ahorro no existe ningún elemento externo que influya en su desarrollo. Se puede decir que una persona ahorra o no ahorra, no hay punto medio, ya que tampoco hay un factor desestabilizante que impida a una persona “reservar alguna parte del gasto ordinario; guardar dinero como previsión para necesidades futuras; o evitar un gasto o consumo”, que son tres de las definiciones de la Real Academia Española (RAE) para el término. Sin embargo, no todo el mundo es capaz de ahorrar en la misma medida (incluso en condiciones similares) e incluso hay personas para las que es imposible hacerlo. Esto se debe al componente psicológico del consumo, el ahorro y la gestión financiera en general.

Ahorrar implica una disciplina y capacidad de control que no todo el mundo posee. Por fortuna existen fórmulas de ahorro incluso para los más manirrotos.

El presupuesto clásico
Contar con un presupuesto es una de las bases del control financiero y uno de los sistemas de ahorro más eficaces. Básicamente consiste en determinar qué porcentaje de los ingresos se destinará al ahorro y, lo que es más complicado, cumplirlo.

En este sentido hay dos posturas. En la primera se encuadran prefieren contar con ese capital en su cuenta corriente hasta final de mes por una parte como ‘colchón’ ante un imprevisto y por otra como terapia para reafirmar su fuerza de voluntad y sus hábitos de consumo. En el lado contrario se encuentran quienes retiran el dinero de la cuenta a principio de mes, generalmente porque desconfían de sus instintos consumistas.

Ambas son igual de efectivas desde un punto de vista práctico porque con las dos se consigue ahorrar el capital deseado. Sin embargo, la segunda no ayuda tanto a fomentar una cultura de consumo saludable porque sólo se cumple con el presupuesto porque no se tiene el dinero a mano.

Las ‘vueltas’

Como su propio nombre indica consiste en ahorrar las ‘vueltas’ del café, el menú, el supermercado… Basta con establecer las vueltas de qué gastos van a ir a parar la hucha y mantenerse firme. En términos generales se trata de un pequeño ahorro que también puede ayudar a redondear algunos pequeños gastos y llevar un mejor control presupuestario.

Monedas y billetes de una clase
Este modelo se ha extendido a raíz de la crisis como medio alternativo para reducir el gasto y ahorrar. Su funcionamiento es muy sencillo: se escoge un tipo moneda, monedas o billetes que se guardan de forma sistemática. Lo más habitual es que se trata de las monedas de dos euros debido a que mentalmente parece que se ahorra de forma más rápida, aunque también se pueden guardar las de 50 céntimos o todas las que tengan un valor inferior a un euro, por ejemplo. Lo mismo ocurre con los billetes, aunque la mayoría de la población no contempla guardar los que superen los cinco euros. En este punto, se puede guardar sólo las monedas que ‘lleguen a casa’ o todas. Su mayor inconveniente es el desequilibrio presupuestario que producen porque hacen que calcular y controlar los gastos reales y el ahorro sea más complicado.

Ahorrar el gasto de…
Otro clásico cuyo mejor exponente son el tabaco y ‘el café de las doce’. Y es que una de las tácticas más utilizadas para incentivar el abandono de la nicotina es hacer ver el gasto que supone e incluso ‘ahorrarlo’. Así, el dinero que se habría destinado a tabaco pasa efectivamente a formar parte del ahorro.

No endeudarse

No acudir a los préstamos rápidos porque el nivel de endeudamiento es altisimo con una TAE muy elevada.
Ningún método es excluyente y de hecho se pueden combinar sin problemas. El caso más clásico consistiría en establecer un porcentaje fijo con cantidades importantes a través del primer método y complementarlo con alguno de los otros como fórmula de ahorro a corto plazo o para fines específicos, como por ejemplo las vacaciones. Así se incentiva el ahorro a largo plazo y a corto con objetivos concretos